"La familia esta de día de campo"

La familia esta de día de campo. Mientras comen y beben, una suave brisa llega desde el rió y aspiran el dulce aire del verano. El hijo se quita los zapatos y hunde entre la hierba los dedos de los pies.
De pronto una bandada de aves se eleva sobre sus cabezas. El joven salta de la manta y corre tras ellas sin perder tiempo en ponerse los zapatos. Pronto lo acompañan otras personas, que han advertido el vuelo de las aves desde la ciudad.
Una se posa en un árbol. Una mujer trepa al tronco, se estira para atraparla, pero el ave salta velozmente a una rama mas alta. Otro pájaro baja a comer semillas en el suelo. Dos hombres se le acercan sigilosamente con una enrome bolsa. Pero el pájaro es demasiado rápido para ellos, alza el vuelo y se reúne con su bandada.
Ahora las aves atraviesan la ciudad. Una anciana ve que la bandada se posa por un instante en un matorral de los jardines. Se acerca lentamente con una red, comprende que no tiene la menor posibilidad de cazar un ave, deja caer la red al suelo y se echa a llorar.
No esta sola en su frustración. Todos los hombres y todas las mujeres quieren un pájaro. Porque esa bandada de ruiseñores es el tiempo. El tiempo revolotea, aletea y salta con esas aves. Si se atrapa una de ellas, el tiempo se detiene.
En verdad, rara vez una de esas aves cae prisionera. Los niños, los únicos que se mueven con rapidez suficiente para coger un pájaro, no tienen ningún deseo de detener el tiempo. Para los niños el tiempo ya se mueve demasiado despacio. Corren de un momento a otro, ansiosos por los aniversarios y los años nuevos. Los mayores desean desesperadamente detener el tiempo, pero son demasiado lentos y están demasiado cansados para atrapar a las aves, solo pueden ver como el tiempo salta y vuela mas allá de su alcance.
Los cazadores gozan del instante congelado. Saborean la situación exacta de la familia y los amigos, la felicidad cautiva de un premio, un nacimiento o un romance, pero pronto descubren que el ruiseñor expira, que su clara canción se reduce al silencio, que el momento atrapado se marchita y muere.

Victor Martinez