"Esas violetas que pedís te van a hacer gemir"

Maria, Maria, Maria;
Al fin nos encontramos. Buscaré en las "Obras Completas", en la correspondencia, en todo Sigmond F. las
violetas que debo regalarte y, sobre todo, su sentido. Yo iba tras tu sexo candente, guiado por el olor que, ahora comienzo a saberlo era, sutilmente, de violetas, espesamente, de violetas, pero antes de que pudiera siquiera acercarme me fustigabas con tus desplantes, tus desbordes, tus desafíos. Me desenamorabas mujer y yo querías enamorarte.
Te pretendo sumisa. Te busco hembra. Sometida a las pasiones de la carne que sólo las palabras convocan. Nadie ha llegado donde te habito yo No tan profundo.
Cultivaré violetas para vos celebrando que no me hayas pedido rosas. Las violetas no sirven para hacer cilicios.
Querés cambiar caricias por violetas y yo te las mezquino un poco para tenerte un poco más desnuda, desnuda y ofrecida, desnuda y suplicante, desnuda y abierta, desnuda y penetrada, loca por fin, definitivamente entregada a la lógica de tu sexo, de tus poemas.
Esas violetas que pedís te van a hacer gemir María, y yo tendré que aplicarme a calmarte atrapando tus pezones con mi boca, con mi lengua, con mis dientes. El dulce olor de las violetas saldrá de tu sexo salobre.
Tu amo.
T.