"FRENTE AL ESPEJO"

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Maria Aurora Rodríguez Drago propone un estilo diferente. Visionaria y transgresora, rescata momentos de la vida cotidiana para tocarlos con una pincelada de ensueño.

Editorial: De los Cuatro Vientos.
Precio: 10 Euros


PROLOGO por María Pola Capllonch de Filippone
La lectura de un poema puede movílizar ideas o sentimientos. Los versos de María Aurora Rodríguez Drago cumplen las dos posibilidades: hacen reflexionar y emocionarse. Su punto de partida es la indagación profunda de temas inherentes al ser humano: la existencia, el pasado, la actualidad, el futuro, la felicidad, la desdicha. El efecto: un sacudimiento emocional nacido de aquella indagación. Esta poesía es una búsqueda de respuestas a interrogantes sobre la problemática humana.
Su mirada severa pero no por ello rígida se pasea por la realidad circundante con minuciosidad no carente de benevolencia. Los designios de M.A.R.D, son busear el por qué y el cómo de las cosas. Busear si la felicidad es posible (Borrador de Poema), si el amor es un sentimiento válido (Una paloma en gestación mística), si se superan las etapas vitales (Invierno), si el sentimiento humano es auténtico (Un viejo recuerdo), si los fenómenos cotidianos mueven nuestra evolución (Frente al espejo). En estos poemas nos enfrentamos con la agonía del ser lírico que quiere desentrañar verdades mediante el instrumento de la palabra. M.A.R.D. busca, pesa, compara las palabras exactas. Como poeta comprometida rechaza las fórmulas establecidas buscando instaurar las propias, las que mejor representan. Estos poemas son un testimonio de su lucha en el impredecible mundo de la poesía que ella transita desde la adolescencia y en Apocalipsis parece encontrar si síntesis temática y expresiva. En resumen, este libro es resultado de un notable esfuerzo de indagación y canto de esta persistente poeta.

Invitación a leer poesías
Mitad exacta de la tarde. Silencio de la sombra, sepulcral. Escombros. ¡Una aurora se enciende en el alma!. Chapoteo de voces, risas remotas...
-¡Ah!-, zumba la mosca azul de la infancia y en la traicionera claridad del sueño despierta una ternura, virgen: soñar entre estrellas, navegar entre olas suaves.
La pluma no detiene su péndulo.Osbtinado hurgar en abismos sin fondos de la existencia humana. ¡Gozar a su antojo el privilegio de ser uno mismo y los demás!. Una onda -en el umbral del infinito- escupe versos que cobran naturaleza propia. No hay horas extrañas.
Posibilidad inmediata de volver mañana, a caminar por la cornisa del silencio, sentir el reclamo de viejas resonancias, ¡ SOÑAR ENTRE ESTRELLAS Y NAVEGAR ENTRE OLAS SUAVES...!
Este libro está dedicado a la gaviota que llevamos dentro, pero no a esa que tiene pánico a volar, sino la que vuela a pesar de tener las alas cortadas.
 
Drago: árbol de palabras (Arturo Álvarez Sosa)
Hay una gaviota dentro de María Aurora que la hace volar, a pesar de tener las alas cortadas, y que sueña entre estrellas navegando en suaves olas. Por eso cuando María se despierta, la aurora enciende su alma y escupe versos que cobran naturaleza propia.
Los versos que nos invita a leer se escupen y, así de entrada, dándole a la saliva el poder de la inteligencia creativa, se define la singularidad de una poesía que hasta ahora no figuraba en los registros literarios de Tucumán, no obstante haber sido premiados algunos de sus poemas en concurso internacionales.
Lejos de los mimos y requiebros con los que acostumbran adornarse las mujeres como si nuestro existir fuese sólo volar como pájaros al vaivén de las olas, Rodríguez Drago alcanza a su antojo alturas más profundas en este su primer libro publicado, acertadamente, en la madurez de su juventud, gracias al privilegio de ser ella misma y los demás, obstinada en hurgar los abismos sin fondo de la naturaleza humana.
María sabe que hay que cuidar las palabras u cuidarse de las palabras. Por eso, Frente al Espejo es un libro duro lleno de sutilezas que dinamitan casi todos los mitos que mantienen enjauladas a la mayoría de las mujeres en el planeta. El engañoso título podría llevarnos a creer que estamos en presencia de la floración narcisista de una mujer que escribe versos porque se cree divina y porque se aburre en su casa.
Vale la pena detenerse en el mito de Narciso para poder precisar como María Rodríguez Drago lo transmuta en una experiencia de autoconocimiento, de revelación de la esencia femenina del mundo. El poeta Ovidio cuenta que la ninfa Liríope, madre de Narciso, trató de evitar que pudiese ver su rostro mientras se criaba, pues Tiresias, el misterioso adivino ciego de Grecia, había vaticinado que viviría mucho tiempo si no se contemplaba a sí mismo. Al llegar a la adolescencia era tan vello que todas las mujeres se volvían locas al verlo, pero él ni siquiera las miraba. La ninfa Eco enamorada perdidamente de Narciso se retiró a un lugar solitario donde, consumida por su pasión no correspondida, se convirtió en un hilo de lastimera voz.
Pero, la diosa Némesis había escuchado las súplicas de Eco y decidió castigar a Narciso por su egolatría virginal. Así, cuando el joven salió a cazar, la diosa provocó un calor tan agobiante que lo hizo delirar de sed. Agobiado Narciso se acercó a un arroyo para beber sus cristalinas aguas. Fue allí cuando se vio por primera vez y quedó tan prendado de su imagen que no pudo beber ni moverse del lugar hasta morir, enamorado de sí mismo, mirando su pura belleza reflejada en el agua. Como ejemplar compensación, en la tierra donde pereció devorado por su ego nació una nueva planta a cuya flor se le puso el nombre de Narciso.
No pasa lo mismo con María porque a través del conocimiento de la gloria de la mujer, de su placer vehemente, ha podido desmembrar el espejo con una alquimia sin límites. En ese espejo, que su mente rehace y que la refleja sin cesar, para hacerla caer en la tentación de vivir sólo para ella sin compartir nada con los demás, nuestra poeta ha vista la figura dibujada por un ángel de la muerte, aunque está segura de que también ella es un ser inmortal. Inmortalidad que busca transformando su cuerpo y su goce consciente en palabras, en símbolos y metáforas que son la sustancia de la poesía perenne y cuya fuente no siempre se encuentra. Tiene todavía un largo camino por recorrer.
Cuando la ciencia ha descubierto que los seres vivos estamos hechos de células que se copian sin cesar en un proceso de construcción de los organismos en base a códigos que se expresan en espejos de ácidos nucleicos, es decir que la realidad en que vivimos es virtual, de espejos que se reflejan en otros espejos creados por nuestra mente, María se pregunta ¿ si se puede permanecer de este lado cuando e transita por el otro lado del espejo? Es un acertijo que sólo puede responder el lector inteligente en un juego de acechanzas, Si toda la vida de la especie está en la sangre y en el susurro de la sangre, como dice Rodríguez drago, seríamos, entonces, juegos de espejos y fantasmas.
Extrañamente, María todavía usa la palabra bohemia. Bohemia es una región de la república Checa. Hace tiempo, a comienzos del siglo pasado, se decía, según la Academia de Lengua Española, que la bohemia es la vida que se aparta de las normas y convenciones, entendemos su ironía, sobre todo, cuando viviendo en Buenos Aires descubre que los porteños son los narcisistas mejor plantados del mundo, tanto que adorando al obelisco, el símbolo fálico por excelencia, parecen “Narcisos en las aguas de un estanque artificial”, tal como se aparece la metrópoli sudamericana cuando se la ve desde un avión.
Pero la operación mayor de María es devolverle en su libro a la mujer su libertad. “La mujer es la víctima –dice- de la sociedad caníbal y desequilibrada”. Consciente de que en el siglo XXI la mujer tiene, como había ocurrido en la Grecia antigua, los mismos derechos que los hombre, expresa sin eufemismos el goce erótico de los cuerpos en el amor.
Así la poeta llega a decir que “el amor total devora siempre a quien lo experimenta; todo lo demás carece de importancia, las personas viven sólo para ser consumidas por la pasión y el deseo”.
Y el tono sentencioso da paso al vértigo límpido de la poesía cuando habla del poder simbólico y sugestivo de Vicent Van Gogh:

Me imagino inmersa en el lienzo,
bañada por la luz fragmentada.
Pinceladas yuxtapuestas en fusión de rojos,
azules y amarillos.
Amarillo azufre pálido,
limón oro suave,
tierra de Siena quemada,
cadmio limón, ocre amarillo.

Hace tiempo que se sabe, pero nadie lo dice abiertamente, que nuestra esencia es el placer, el goce del trabajo creativo. Somos animales de placer y de conocimiento. Si fuese cierto que el dolor es nuestra esencia la especie ya habría desaparecido sobre la Tierra. La alegría de ser en el goce pleno de la sexualidad y en el aprendizaje del funcionamiento real del universo, donde somos nada menos que la conciencia de todo lo que ocurre, es incomparable con cualquier otra experiencia mística o religiosa.
Esta revelación junto con la revalorización de la mujer como centro de la vida y la cultura tiene que devolverle a la humanidad el sentido de la vida. Sólo estableciendo un nuevo diálogo con la fuente femenina de la especie podremos acabar con la guerra y establecer la cultura de la paz, que es el camino para salvarnos de la audestrucción.

La única forma de resistir, dice María Aurora el final de su libro,
es continuar abiertos
a la sensualidad y el deseo,
inventar una fórmula
para extraer el aliento que permita
a la gaviota que llevás dentro
agitar las alas
y volar hacia la utópica libertad.

En Internet, que es como un espejo sin fondo de comunicaciones infinitas, la poesía de Rodríguez Drago puede ser valorada por lectores en español de todo el mundo en el portal de BoletínEstandarte.com, que se dirige el escritor español Jorge Segado. Se da la noticia de la aparición de Frente al Espejo, editado por la Editorial de los Cuatrocientos, de Buenos Aires, y se ofrece en venta el libro, junto con la selección de poemas. Allí se dice que la poeta tucumana “propone un estilo diferente; visionaria y transgresora rescata momentos de la vida cotidiana para tocarlos con una pincelada de ensueño”.
Pero, más allá del ciberespacio, su nombre Aurora y el segundo apellido Drago la conectan con la cultura milenaria de la Atlántida que ha dejado grabada su historia mítica en las constelaciones estelares. Drago es un árbol que vive miles de años en la isla de Tenerife. Por su aspecto terrorífico y la savia roja, como sangre, que mana de su tronco se le conoce con el nombre del Dragón de siete cabezas, con los catorce ojos abiertos, que vigilaba en el jardín de las Hespérides la madurez perenne de las manzanas de oro de Gea, la diosa Tierra, le había regalado a Hera cuando se casó con Zeus. El dragón fue muerto por Hércules pero los dioses lo transformaron en la constelación que lleva su nombre, y cuyo sol principal es Thubán, que fue la estrella polar hace cinco mil años. Y por su segundo nombre, pertenece al linaje femenino de Eos, precisamente la Aurora, madre de Venus, el planeta indescifrable adorado como Héspero, estrella de la tarde, y como Eosforo, Lucifer, estrella de la mañana. Toda conjunción cósmica que la marca a fuego para cumplir con su destino de poeta.
 
ILLUSTRACION INSPIRADA EN EL POEMA "FRENTE AL ESPEJO"
 
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