BOHEMIA

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Se estiran los cometas y nudos del universo.
La noche serena y blanca es ocupada
por sueños de pulcros ciudadanos reducidos a piel
y huesos.
Estúpidos conjuntos de estrellas fracasadas
pintan los rincones.
Pedigüeños –en las calles- prostitutas, terratenientes,
Borrachos, comerciantes y universitarios.
¿Para que caliente la luna hay que situarla
encima del obelisco?.
Teatros, cines, confiterías llenas las 24 horas,
(recuerdos de un amigo mutilado en una cárcel
clandestina).
¿Por qué salvo en la memoria la realidad
queda a recaudo?.
-¡Piedad!, grita una cadena de anillos.
Buenos Aires transpira bohemia.
Aun –en medio de anodinas humillaciones- es
maravillosamente ingenuo:
antiguas casonas con jardín de trazado artesanal
oponen el lirismo de estatuas y follajes
al avance prosaico
de rascacielos y autopistas.
El estertor propio de moribundos despidiendo
sus antiguas orgías,
adolescentes –más o menos violentos- en tránsito
del lenguaje de lo Sagrado, el mal y el sexo que,
incluso entre profanos, exige iniciación...
¿La aguja que gira en el cuadrante
es la única culpable de la sombra del hombre?.
Pedigüeños, prostitutas y universitarios
se confunden en las arterias céntricas llevando
un factor común:
¡narcisos en las aguas de un estanque artificial!.