APOCALIPSIS

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¿Existen fronteras entre sueño y vigilia?,
¿descubrir el instante en que cuerpo y alma se unifican?
Aquí estamos, profundos, plenos, intensos.
Respirar el olor a macho que se exparce encima de la carne,
uno junto al otro, percibir el tacto de una espalda escultural,
palpar con lentitud miembros, músculos y órganos,
penetración de la vagina , gozar el pene sin complejos...
Demasiado en la adolescencia somos torturados
por una sociedad podrida que flagela el sexo y se deleita
con orgías clandestinas. No hay tiempos para quimeras:
desnudos, el perfecto tronco jeroglífico de los huesos.
El hechizo se cae en una vereda laberíntica:
Temor, angustia, inseguridad, desazón y, por encima de todo,
la convicción de estar frente a serios problemas y dilemas.
¿Por qué inventamos que el otoño viene envuelto
en la amarilla dulzura de un majestuoso sol poniente?.
¿Qué es vivir?, ¿vagar en una vorágine de erotismo y de locura?.
Descubrimos que transitar en el hoy es más fácil,
el terreno del mañana es incierto para construir planes.
Tener relaciones con el sexo opuesto más que por atracción,
por costumbre o para intentar repetir experiencias irrepetibles,
dignas de colegiales transgresores en vez de adultos sin esperanzas.
Necesitar, desear, amar, hay que decirlo en su momento,
ante una tumba no tiene sentido.
Pero, vivo: ¡aun circula sangre tibia en mis venas!.
La utopía de un hombre que busca el infinito o la realidad
irreversible de comprobar que no se tiene biografía.