18 DE MARZO

¡Que toda la ciudad se entere!, es la frase más reiterada
en mi computadora el día de mi cumpleaños.
El cuerpo es el monumento a la historia personal de cada uno.
Se busca afuera lo que en el interior no tiene respuesta.
La vida son ciclos, ciclos dentro de otros ciclos,
se abren, se cierran pero jamás permanecen estáticos.
La inquebrantable luz de continuidad propia y exclusiva
que hacen que cada vivencia sea insustituible.
La defensa de la vejez se basa en la capacidad
de creer en nuestros propios sueños y trabajar por ellos,
una manera en que se puede envejecer pero nunca ser viejo.
La auténtica trasgresora tiene que cosechar detractores:
el destino se encarga de traer puntualmente
las experiencias más imponentes necesarias de albergar.
Cumplir años es recibir una cachetada en la mejilla,
hay que asimilar de golpe todo lo que se deja detrás.
Aceptar que en regalos, saludos, elogios y festejos
viene bien disfrazada la mancillación.
Si se piensa con la mente fría, se reflexiona mejor:
Un recuerdo feliz - en este mundo- es más real que la felicidad.
18 de Marzo, fruncir el ceño, mantener la cabeza altiva,
apretar enérgicas las muelas. En la calle, ¿se advierte el dolor?
¡Qué nadie en la ciudad se entere...!